“Habitante con Dios, bien conozco ahora tu favor, en esta honra hecha al Hombre, bajo cuyo humilde techo te has dignado entrar, y estos frutos terrenales probar, alimento no de Ángeles, mas tan aceptado, que no pareciste con más gusto haberte alimentado en los altos festines del Cielo: mas ¿qué comparación cabe?”
A quien el alado Jerarca respondió:
“Oh Adán, un Omnipotente hay, de quien Todas las cosas proceden, y a él retornan, Si del bien no depravadas, creadas todas Tales con perfección, una materia primera todas, Dotada de varias formas, varios grados De sustancia, y, en las cosas que viven, de vida; Mas refinada, más espirituosa y pura, Cuanto más cerca de él puesta o más tendiendo a él, Cada una en sus varias esferas activas asignadas, Hasta que el cuerpo asciende a espíritu, en límites Proporcionados a cada género. Así de la raíz Brota más ligero el tallo verde, de allí las hojas Más aéreas, por último la brillante flor consumada Espíritus olorosos respira: flores y su fruto, Alimento del hombre, por gradual escala sublimados, A espíritus vitales aspiran, a los animales, A los intelectuales; dan vida y sentido a ambos, Imaginación y entendimiento; de donde el alma La razón recibe, y la razón es su ser, Discursiva o intuitiva: el discurso Es por lo común vuestro, lo último más es nuestro, Difieriendo solo en grado, de género el mismo. No os asombre, pues, lo que Dios para vosotros vio bueno Si no lo rehúso, sino que convierto, como vosotros, En propia sustancia. Tiempo puede venir en que los hombres Con los Ángeles puedan participar, y no hallen