Conciencia; a quien si quieren escuchar, luz tras luz bien aprovechada alcanzarán, y persistiendo hasta el fin llegarán a salvo. Esta mi gran paciencia y este mi día de gracia, quien los desdeñe y desprecie jamás los saboreará; sino que el duro se endurezca y el ciego más ciegue, para que tropiecen y caigan más hondo; y a nadie más que a tales excluyo de la misericordia. Mas con todo aún no está hecho. El hombre, desobedeciendo, desleal quebranta su fidelidad y peca contra la alta supremacía del Cielo, codiciando la divinidad, y así, perdiéndolo todo, para expiar su traición no le queda nada, sino que, consagrado y devoto a la destrucción, él con toda su posteridad debe morir— Morir debe él o la justicia; a menos que por él algún otro, capaz y tan dispuesto, pague la rigurosa satisfacción, muerte por muerte. Decid, potestades celestiales, ¿dónde hallaremos tal amor? ¿Cuál de vosotros será mortal, para redimir el crimen mortal del hombre, y al justo para salvar al injusto? ¿Habita en todo el Cielo tan cara caridad?”
Preguntó, pero mudo en pleno coro el Cielo se quedó, y hubo silencio en el Cielo: en favor del Hombre nadie como abogado o intercesor compareció— mucho menos quien osara atraer sobre su propia cabeza el castigo mortal y fijar el rescate.
Y ahora sin redención todo el linaje humano había de haberse perdido, condenado a Muerte y al Infierno por severa sentencia, de no haber sido porque el Hijo de Dios, en quien mora la plenitud del amor divino, renovó así su entrañable mediación:
“Padre, tu palabra está dada: el hombre hallará gracia; ¿y la gracia, que halla su camino, la más veloz de tus mensajeras aladas, no hallará medios para visitar a todas tus criaturas, y a todas llegar sin ser prevenida, ni