A quien el ángel guerrero pronto respondió:
“Decir y luego retractarse, pretendiendo al punto Sabio en eludir el dolor, haciendo luego del espía, No denota a un líder, sino a un mentiroso descubierto, ¡Satán!; ¿y pudiste añadir ‘fiel’? ¡Oh nombre, Oh sagrado nombre de la fidelidad profanado! ¿Fiel a quién? ¿A tu cuadrilla rebelde? Ejército de demonios, cuerpo apto para cabeza apta, ¿Era esta vuestra disciplina y fe empeñada, Vuestra obediencia militar, disolver La lealtad al reconocido Poder Supremo? Y tú, astuto hipócrita, que ahora pretenderías ser Patrono de la libertad, ¿quién más que tú En otro tiempo aduló, se humilló y adoró servilmente Al temible Monarca del cielo? ¿Para qué, sino con la esperanza De deponerlo, y reinar tú mismo? Mas presta atención a lo que ahora te predigo: ¡Fuera! Huye allí de donde huiste. Si desde esta hora Dentro de estos sagrados límites apareces, De vuelta al foso infernal te arrastraré encadenado, Y te sellaré de tal modo que en lo sucesivo no desprecies Las puertas fáciles del Infierno con cerrojos tan flojos.”
Así lo amenazó; mas Satanás a ninguna amenaza prestó atención, sino que, enfureciéndose aún más, respondió:
“Pues bien, cuando yo sea tu cautivo, habla de cadenas, ¡orgulloso Querubín fronterizo!, pero antes de eso espera sentir tú una carga mucho más pesada de mi brazo victorioso, aunque el Rey del Cielo rote sobre tus alas, y tú, con tus pares, habituados al yugo, arrastréis sus ruedas triunfales en marcha por el camino del Cielo pavimentado de estrellas”.
Mientras así hablaba, el escuadrón angélico brillante tornóse rojo de fuego, afilando en cuernos lunados su falange, y comenzó a cercarle con lanzas en ristre, tan espeso como cuando un campo de Ceres maduro