“¡Oh visiones mal previstas! ¡Más me valiera Haber vivido ignorante del futuro! Así habría llevado Tan solo mi porción de mal, la cuota de cada día Bastante para soportar; aquellas que ahora estaban dispensadas, El peso de muchas edades, caen sobre mí De golpe, ganando por mi presciencia un nacimiento Abortivo, para atormentarme, antes de su ser, Con el pensamiento de que han de ser”.
Que nadie busque En adelante que se le prediga lo que ha de acontecerle A él o a sus hijos; de una cosa esté seguro: el mal, Que ni su presciencia podrá evitar, Y el mal futuro no menos En la aprehensión que en la sustancia sentirá Como penoso de soportar.
Mas ya pasó tal cuidado; el hombre no es quien para ser advertido; a los pocos que escaparon, el hambre y la angustia al fin los consumirán, errantes por aquel desierto acuoso. Yo había tenido la esperanza de que, una vez cesada la violencia y la guerra sobre la Tierra, todo marcharía bien entonces, y la paz coronaría con una larga sucesión de días felices a la raza humana; mas fui grandemente engañado, pues ahora veo que la paz corrompe no menos que la guerra devasta.
¿Cómo es esto así? Declara, Celestial Guía, y si aquí terminará la raza del Hombre».
A quien así Miguel:
“Aquellos, a quienes viste por última vez en triunfo y suntuosa riqueza, son los primeros vistos en actos de proeza eminente y grandes hazañas, mas carentes de verdadera virtud; los cuales, habiendo derramado mucha sangre y causado gran estragamiento, subyugando