tus obras, Jehová! ¡Infinito tu poder! ¿Qué pensamiento puede medirte, o qué lengua relatarte? Más grande ahora en tu retorno que de los Ángeles Gigantes: a ti aquel día tus truenos te magnificaron; pero crear es más grande que destruir lo creado. ¿Quién puede menoscabar, rey poderoso, o limitar tu imperio? Con facilidad el soberbio intento de los Espíritus apóstatas y sus vanas intenciones tú has repelido, mientras impíamente pensaban disminuirte y apartar de ti el número de tus adoradores. Quien busca menoscabarte, en contra de su propósito sirve para manifestar aún más tu poder; de su mal te sirves, y de ahí creas más bien. Testigo este Mundo recién creado, otro Cielo no muy lejos de la puerta del Cielo, fundado a la vista sobre el claro hialino, el mar de vidrio; de amplitud casi inmensa, con estrellas numerosas, y cada estrella tal vez un mundo de morada destinada; mas tú conoces sus estaciones; entre estas la sede de los Hombres, la Tierra, con su océano inferior circundado, su placentera morada. ¡Trascendentalmente felices los Hombres, y los hijos de los Hombres!, a quienes Dios así ha ensalzado, creados a su imagen, para habitar allí y adorarle, y en recompensa gobernar sobre sus obras, en la tierra, en el mar o en el aire, y multiplicar una estirpe de adoradores santos y justos; ¡tres veces felices, si conocen su dicha, y perseveran rectos!».
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Libro VII
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