me expongo a mí mismo, con solitarios pasos, a hollar el abismo sin fondo, y a través del vacío inmenso a buscar con errante indagación un lugar predicho que debía ser, y que, por coincidentes señales, ya para ahora ha sido creado vasto y redondo, un lugar de dicha en los arrabales del Cielo, y en él colocado una raza de criaturas advenedizas, para suplir tal vez nuestra vacante estancia, aunque más apartada, no sea que el Cielo, sobrecargado de potente multitud, llegara a suscitar nuevas revueltas. Sea esto, o cualquier otra cosa más secreta lo ahora urdido, me apresuro a saberlo; y, una vez sabido esto, pronto regresaré, y os traeré al lugar donde tú y la Muerte habréis de morar a vuestro antojo, y arriba y abajo invisibles volaréis silenciosamente por el aire dócil, embalsamado de olores: allí seréis alimentados y saciados sin medida; todas las cosas serán vuestra presa».
Calló, pues ambos parecían muy complacidos, y la Muerte Sonrió horrible con una mueca cadavérica al oír Que su hambre iba a saciarse, y bendijo sus