ninguna vida.
Así hablando, del árbol apartó su paso, mas antes hizo baja reverencia, cual al Poder que en él moraba, cuya presencia había infundido en la planta savia sapiente, derivada del néctar, bebida de los Dioses.
Adán entretanto, Ansioso por aguardar su regreso, había tejido De las más selectas flores una guirnalda para adornar Sus trenzas y coronar sus labores campestres, Como suelen los segadores su reina de la cosecha. Gran dicha prometía a sus pensamientos y nuevo Consuelo en su regreso, tanto tiempo demorado; Mas a menudo su corazón, adivino de algún mal, Desconfió; él sintió el compás titubeante, Y salió a su encuentro por el camino que ella tomó Aquella mañana cuando por primera vez se separaron.
Por el Árbol Del Conocimiento ha de pasar; allí la encontró, Del árbol apenas regresando; en su mano Una rama del más bello fruto, que sonriente y velloso, Recién cortado, un ambrosial olor despedía. Hacia él se apresuró; en su rostro la excusa Vino como prólogo y a sugerir la apología, Que, con dulces palabras a su arbitrio, de este modo abordó: