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nydus/Paradise LostPublic
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Libro VI

relatar lo de millares, y eternizar sus nombres aquí en la Tierra; pero aquellos ángeles electos, contentos con su fama en el Cielo, no buscan la alabanza de los hombres; la otra ralea, aunque de poder admirable y en actos de guerra no menos ávida de renombre, mas por sentencia cancelada del Cielo y de la sagrada memoria, sin nombre que moren en el oscuro olvido; pues la fuerza separada de la verdad y de la justicia, indigna de alabanza, nada merece sino desprecio e ignominia, y sin embargo aspira a la gloria, vanagloriosa, y a través de la infamia busca la fama: sea, pues, el silencio eterno su sentencia.

“Y ahora, abatido su mayor poder, la batalla viró, con muchas brechas ensangrentada; la huida informe entró, y el fúnebre desorden; todo el suelo cubierto de armaduras hechas trizas, y en montón carro y auriga yacían volcados, y corceles de fuego espumosos; lo que aún en pie retrocedió, extenuado, a través del débil hueste satánica, apenas a la defensiva, o por pálido miedo sorprendidos, entonces por primera vez con miedo sorprendidos y noción del dolor, huyeron con ignominia, a tal mal conducidos por el pecado de desobediencia; hasta esa hora no expuestos al miedo, ni a la huida, ni al dolor. Muy al contrario, los inviolables Santos en falange cúbica firme avanzaron enteros, invulnerables, impenetrables de armas; tales altas ventajas su inocencia les otorgaba sobre sus enemigos —el no haber pecado, el no haber desobedecido—; en la lucha resistieron infatigables, inmunes al dolor por herida, aunque de su sitio por la fuerza removidos.

“Ya la Noche su curso comenzaba, y, sobre el Cielo induciendo las sombras, impuso una tregua grata y silencio al odioso estruendo de la guerra; bajo su nublado amparo ambos se retiraron, vencedor y vencido.

En el campo de batalla Miguel y sus ángeles victoriosos establecieron su campamento y apostaron sus guardias alrededor, con llamas querúbicas ondeantes: por otra parte, Satanás con sus rebeldes desapareció, alejado en la oscuridad y, carente de reposo, convocó de noche a consejo a sus potestades, y en medio de ellas comenzó así sin desmayo:

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