su consorte, la Libertad? ¿Qué sino desbaratar Sus templos vivos, construidos por la fe para mantenerse, Su propia fe, no la ajena? pues, en la Tierra, ¿Quién contra la fe y la conciencia puede ser oído Infalible? Con todo, muchos presumirán: De donde pesada persecución surgirá Sobre todos los que en la adoración perseveren De Espíritu y Verdad; los demás, gran parte mayor, Juzgarán que en ritos externos y formas especiosas La religión se satisface; la Verdad se retirará Plagada de dardos calumniosos, y obras de fe Rara vez se hallarán.
Así seguirá el mundo, con el bien maltratado, con los malos benévolo, bajo su propio peso gimiendo hasta que llegue el día de respiro para los justos, y de venganza para los impíos, al regreso Aquel tan poco antes prometido en tu ayuda, la Simiente de la Mujer —entonces oscuramente predicha, ahora más ampliamente conocido tu Salvador y tu Señor—; por último, en las nubes desde el Cielo revelado en la gloria del Padre, para disolver a Satanás con su mundo pervertido; para luego alzar de la masa conflagrada, purificada y refinada, Nuevos Cielos, nueva Tierra, eras de duración infinita, fundadas en la justicia, la paz y el amor, para dar frutos, gozo y eterna bienaventuranza».