Se bajaron entonces las gradas, bien para retar al Diablo con fácil ascenso, o agravar su triste exclusión de las puertas de dicha; Frente a las cuales se abría desde abajo, justo sobre la dichosa sede del Paraíso, un pasaje a la Tierra, un pasaje ancho; mucho más ancho que el de tiempos posteriores sobre el monte Sión, y, aunque este era grande, sobre la Tierra Prometida a Dios tan amada; por el cual, a visitar a menudo esas felices tribus, en altos mandatos sus ángeles de ida y vuelta pasaban frecuentes, y su ojo con selecta mirada, desde Paneas, la fuente del arroyo del Jordán, hasta Berseba, donde la Tierra Santa limita con Egipto y la orilla árabe. Tan ancho parecía el claro, donde los límites fueron puestos a la oscuridad, como los que atan la ola oceánica.
Satanas desde aquí, ya en el peldaño inferior, que en gradas de oro escala hasta la puerta del Cielo, mira hacia abajo con asombro la súbita vista de todo este Mundo de un golpe. Como cuando un explorador, que por oscuros y desérticos caminos ha marchado en peligro toda la noche, al fin al romper el alegre alba alcanza la cima de algún monte escarpado, que a sus ojos descubre de improviso la hermosa perspectiva de alguna tierra extraña por vez primera vista, o alguna metrópolis ilustre adornada con relucientes agujas y pináculos, que ahora el sol naciente dora con sus rayos: tal asombro se apoderó —aunque el Cielo había visto— del Espíritu maligno, mas mucho mayor envidia se apoderó de él, al ver todo este Mundo contemplado tan bello.
En derredor contempla (y bien podía desde el sitio en que se hallaba, tan alto sobre el cóncavo cerco de la sombra extendida de la Noche) desde el punto oriental de Libra hasta la estrella velluda que lleva a Andrómeda lejos de los mares atlánticos más allá del horizonte; luego, de polo a polo, abarca su anchura con la vista; y, sin mayor pausa, directamente en la primera región del Mundo emprende su vuelo precipitado, y serpentea con facilidad por el puro aire marmóreo su curso oblicuo entre innumerables estrellas, que brillaban como estrellas lejanas, pero de cerca parecían otros mundos.