Sobre la superficie terrestre no hay ningún otro elemento que esté tan ampliamente distribuido como el oxígeno en sus diversos compuestos.1
Constituye ocho novenos del peso del agua, la cual ocupa la mayor parte de la superficie de la tierra. Casi todas las sustancias térreas y las rocas consisten en compuestos de oxígeno con metales y otros elementos.
Así, la mayor parte de la arena está formada por sílice, SiO2, que contiene un 53 % de oxígeno; la arcilla contiene agua, alúmina (formada por aluminio y oxígeno) y sílice. Puede considerarse que las sustancias térreas y las rocas contienen hasta un tercio de su peso en oxígeno; las sustancias animales y vegetales también son muy ricas en oxígeno.
Sin contar el agua presente en ellas, las plantas contienen hasta un 40 %, y los animales hasta un 20 % en peso de oxígeno. Por lo tanto, los compuestos de oxígeno predominan en la superficie de la tierra.
Además de esto, una parte existe en estado libre y se encuentra mezclada con el nitrógeno en la atmósfera, formando aproximadamente una cuarta parte de su masa, o una quinta parte de su volumen.
Al estar tan ampliamente distribuido en la naturaleza, el oxígeno desempeña en ella un papel muy importante, ya que una serie de fenómenos que tienen lugar ante nosotros dependen principalmente de él.
Los animales respiran aire con el fin de obtener únicamente oxígeno de él, penetrando el oxígeno en sus órganos respiratorios (los pulmones de los seres humanos y de los animales, las branquias de los peces y las tráqueas de los insectos); ellos, por decirlo así, abrevan aire para absorber el oxígeno.
El oxígeno del aire (o disuelto en el agua) atraviesa las membranas de los órganos respiratorios hacia la sangre, es retenido en ella por los corpúsculos sanguíneos, es transmitido por su medio a todas las partes del cuerpo, auxilia sus transformaciones, provocando procesos químicos en ellas, y extrayendo principalmente de ellas el carbono en forma de anhídrido carbónico, la mayor parte del cual pasa a la sangre, es disuelto por esta y es expulsado por los pulmones durante la absorción del oxígeno.
Así, en el proceso de respiración se desprende anhídrido carbónico (y agua) y se absorbe el oxígeno del aire, medio por el cual la sangre venosa, de color rojo, se transforma en sangre arterial de color rojo oscuro.
El cese de este proceso causa la muerte, porque entonces cesan todos esos procesos químicos, y el calor y el trabajo consecuentes que el oxígeno introducido en el sistema había producido. Por esta razón sobrevienen la asfixia y la muerte en el vacío, o en un gas que no contiene oxígeno libre, es decir, que no mantiene la combustión.
Si un animal se coloca en una atmósfera de oxígeno libre, al principio sus movimientos son muy activos y se nota una vigorización general, pero pronto se manifiesta una reacción y puede sobrevenir la muerte.