atacaron la posada esta noche —tipos audaces y desesperados, sin duda— y los demás que se quedaron a bordo de ese lugre, y más, me atrevo a decir, que no andan lejos, están, cueste lo que cueste, empeñados en conseguir ese dinero. Ninguno de nosotros debe ir solo hasta que nos hagamos a la mar; Jim y usted se mantendrán juntos mientras tanto; usted se llevará a Joyce y a Hunter cuando cabalgue hacia Bristol y, de principio a fin, ninguno de nosotros debe decir una sola palabra sobre lo que hemos encontrado.
—Livesey —replicó el chalán—, usted siempre tiene la razón. Seré mudo como una tumba.