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nydus/Treasure IslandPublic
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VII. Voy a Bristol

«Hasta ahí todo iba sobre ruedas. Los obreros, es cierto —aparejadores y demás—, fueron de una lentitud desesperante, pero el tiempo lo curó. Lo que me traía de cabeza era la tripulación. «Yo quería una veintena de hombres —por si acaso los nativos, los bucaneros o los odiosos franceses— y pasé las mil y una para encontrar ni tan solo media docena, hasta que un golpe de suerte extraordinario me trajo al hombre exacto que necesitaba. «Estaba yo en el muelle cuando, por la más pura casualidad, me puse a hablar con él. Descubrí que era un viejo marino, que regentaba una taberna, conocía a toda la gente de mar de Bristol, había perdido la salud en tierra y quería un buen puesto de cocinero para volver al mar. Había bajado cojeando hasta allí esa misma mañana, según dijo, para oler la sal. «Me conmovió enormemente —a ti te habría pasado igual— y, por mera compasión, lo contraté sobre la marcha como cocinero del barco. Se llama Long John Silver y ha perdido una pierna; pero eso lo consideré una recomendación, ya que la perdió al servicio de su país, bajo las órdenes del inmortal Hawke. No tiene pensión, Livesey. ¡Imagina la época abominable en la que vivimos! «Pues bien, amigo mío, creí que solo había encontrado un cocinero, pero lo que había descubierto era una tripulación. Entre Silver y yo reunimos en pocos días una compañía de los lobos de mar más curtidos que quepa imaginar: no eran muy agraciados de ver, pero, a juzgar por sus rostros, eran tipos de un espíritu indomable. Te juro que podríamos presentar batalla a una fragata.

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