—Es una forma de hablar —dijo el capitán—. Lo de ir con la lengua floja, digo. Es mi parecer que ninguno de los dos caballeros sabe lo que se trae entre manos; pero yo les diré cómo lo veo yo: vida o muerte, y un final apurado.
—Todo eso está claro y, me atrevo a decir, es bastante cierto —replicó el doctor Livesey—. Nosotros corremos el riesgo, pero no somos tan ignorantes como usted cree. A continuación, dice que no le gusta la tripulación. ¿No son buenos marineros?
—No me gustan, señor —respondió el capitán Smollett—. Y creo que debería haberme encargado de elegir a mi propia tripulación, puestos a decir verdad.
—Tal vez deba hacerlo —respondió el doctor—. Mi amigo tal vez debió haberlo llevado con él; pero el desaire, si es que lo hay, fue sin intención. ¿Y no le cae bien el señor Arrow?
“No, señor. Creo que es un buen marinero, pero es demasiado confianzudo con la tripulación para ser un buen oficial. Un segundo oficial debe mantener las distancias; no debería beber con los marineros de proa”.
—¿Quiere decir que bebe? —exclamó el escudero.
—No, señor —respondió el capitán—; solo que se toma demasiadas confianzas.
—Bueno, pues a fin de cuentas, ¿en qué quedamos, capitán? —preguntó el doctor—. Díganos qué es lo que quiere.
—Bien, caballeros, ¿están decididos a realizar este viaje?
—Como el hierro —respondió el escudero.