Si relatos de mar y anclaje, calor y frío, azar y proeza, si goletas, islas y salvajajes y bucaneros y oro en la corteza, y el viejo romance, contado con certeza igual que antaño, a bien tener llegan, como a mí en su pieza, a los prudentes jóvenes de hoy en día:
—¡Que así sea, y adelante!
Si no, si el estudioso joven ya no anhela, olvidando sus antiguos apetitos, a Kingston, o al valiente Ballantyne, o a Cooper del bosque y la ola:
¡Que así sea también! ¡Y que yo y todos mis piratas compartamos la tumba donde yacen estos y sus creaciones!