Tuppence entra en el servicio doméstico
Cuando Tommy se lanzó tras la pista de los dos hombres, le costó a Tuppence todo su autocontrol no acompañarle. Sin embargo, se contuvo como pudo, consolada por la reflexión de que su razonamiento se había visto confirmado por los acontecimientos.
Los dos hombres procedían sin duda del apartamento del segundo piso, y aquel único y tenue hilo del nombre «Rita» había vuelto a poner a los Jóvenes Aventureros tras la pista de los secuestradores de Jane Finn.
La cuestión era qué hacer a continuación. A Tuppence le detestaba quedarse de brazos cruzados. Como Tommy estaba plenamente ocupado y a ella se le prohibía unirse a sus pesquisas, la muchacha se sentía sin nada que hacer.
Desanduvo sus pasos hasta el vestíbulo de entrada de los apartamentos. Ahora estaba ocupado por un botones bajito, que pulía los apliques de latón y silbaba la melodía de moda con mucha energía y una precisión razonable.
Él miró de reojo ante la entrada de Tuppence. Había cierto elemento de gamin en la muchacha; en todo caso, invariablemente se llevaba bien con los muchachos pequeños. Parecía