un taxi a toda prisa.
En otro minuto estaban pasando la barrera, habían pagado las tarifas necesarias y subían a un taxi.
—King’s Cross —indicó Tuppence. Luego dio un brinco. Un hombre se asomó por la ventanilla, justo cuando el tren se ponía en marcha. Estaba casi segura de que era el mismo hombre que se había subido al compartimento de al lado. Tenía la horrible sensación de verse rodeada lentamente por todas partes.
—Mira —le explicó a Jane—, si creen que vamos a ver a Sir James, esto los despistará. Ahora imaginarán que vamos a lo de Mr. Carter. Su finca está en algún lugar al norte de Londres.
Al cruzar Holborn hubo un embotellamiento, y el taxi se detuvo. Eso era lo que Tuppence había estado esperando.
—Rápido —susurró ella—. ¡Abre la puerta de