error gigantesco? A Tommy le recorrió un escalofrío al pensar
Luego se acordó de los pacientes privados: «los colgados». Preguntó con cuidado si había una señorita entre ellos, describiendo a Tuppence. Pero parecía no saberse gran cosa de los pacientes; rara vez se les veía fuera de los jardines. Una descripción prudente de Annette tampoco logró suscitar ningún reconocimiento.
Astley Priors era un agradable edificio de ladrillo rojo, rodeado de terrenos bien arbolados que ocultaban eficazmente la casa de la vista desde la carretera.
En la primera tarde, Tommy, acompañado por Albert, exploró los terrenos. Debido a la insistencia de Albert, se arrastraron penosamente sobre sus estómagos, produciendo de este modo mucho más ruido que si hubieran ido de pie.
En cualquier caso, estas precauciones eran totalmente innecesarias. Los terrenos, como los de cualquier otra casa particular después del anochecer, parecían deshabitados. Tommy se había imaginado un posible perro guardián feroz. La fantasía de Albert abarcaba un puma, o una cobra amaestrada. Pero llegaron a un bosquecillo cerca de la casa sin ser molestados en absoluto.
Las persianas de la ventana del comedor estaban subidas.
Había una gran compañía reunida alrededor de la mesa. El Oporto iba pasando de mano en mano. Parecía una compañía normal y agradable.
A través de la ventana abierta, fragmentos de conversación flotaban inconexos en el aire de la noche. ¡Era una acalorada discusión sobre el críquet de los condados!
De nuevo Tommy sintió ese frío escalofrío de incertidumbre. Parecía imposible creer que estas personas fueran distintas de lo que