Empiezo a sentir que hemos cometido un gran error en la forma en que hemos abordado esto. Hemos perdido el tiempo y no hemos avanzado nada.
“En eso estoy contigo. Hemos sido un par de chuchos que han querido abarcar más de lo que pueden apretar. ¡Voy a dejar de hacer el tonto ahora mismo!”
¿Qué quieres decir?
—Te lo diré. Voy a hacer lo que deberíamos haber hecho hace una semana. Voy a volver ahora mismo a Londres para poner el caso en manos de vuestra policía británica. Nos creíamos sabuesos. ¡Sabuesos! ¡Fue una estupidez maldita! ¡Se acabó! Ya he tenido suficiente. ¡Scotland Yard para mí!
—Tienes razón —dijo Tommy lentamente—. Ojalá nos hubiéramos ido allí desde el principio.
“Más vale tarde que nunca. Hemos sido como un par de críos jugando al corro de la patata. Ahora voy directito a Scotland Yard a pedirles que me cojan de la mano y me muestren el camino que debo seguir. Supongo que el profesional siempre acaba ganándole al aficionado. ¿Vienes conmigo?”
Tommy negó con la cabeza.
“¿Para qué? Con uno de los nuestros basta. Bien puedo quedarme aquí y husmear un rato más. Algo podría surgir. Uno nunca sabe”.
–De acuerdo. Bueno, hasta luego. Vuelvo en un dos por tres con un par de inspectores. Les diré que elijan a los más listos y competentes.
Pero el curso de los acontecimientos no iba a seguir el plan que Julio había trazado. Más tarde ese mismo día, Tommy recibió un telegrama: