punto de vista por encima del suyo. Sus sensacionales acusaciones contra ella no habrían encontrado fácil crédito”.
«Eso fue lo que pensé. Acabó con que me mandaron a un sanatorio en Bournemouth. Al principio no sabía si aquello era un montaje o algo auténtico. Una enfermera del hospital se encargaba de mí. Yo era un paciente especial. Me pareció tan simpática y normal que al fin me dispuse a confiar en ella.
Una providencia misericordiosa me salvó justo a tiempo de caer en la trampa. Casualmente tenía la puerta entreabierta y la oí hablar con alguien en el pasillo. ¡Ella era una de ellos! ¡Todavía imaginaban que lo mío podía ser un farol, y la habían puesto a mi cuidado para asegurarse!
Después de eso, los nervios se me vinieron completamente abajo. No me atrevía a confiar en nadie.
“Creo que casi me hipnoticé a mí misma. Al cabo de un rato, casi olvidé que en realidad era Jane Finn. Estaba tan empeñada en representar el papel de Janet Vandemeyer que mis nervios empezaron a jugarme malas pasadas.
Me puse verdaderamente enferma; durante meses caí en una especie de estupor. Estaba segura de que moriría pronto, y de que nada importaba realmente. Dicen que una persona cuerda encerrada en un manicomio suele acabar volviéndose loca. Supongo que me pasó algo así.
Interpretar mi papel se había convertido en una segunda naturaleza para mí. Al final ni siquiera era infeliz, simplemente estaba apática. Nada parecía importar. Y los años pasaban.
“Y entonces, de repente, las cosas parecieron cambiar. La señora Vandemeyer vino desde Londres. Ella y el médico me hicieron preguntas,