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nydus/The Secret AdversaryPublic
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XXII

—¡Ah! —dijo sir James pensativo. Se puso en pie—. No debo retenerle. Siga con los asuntos de la nación. Debo volver a... mi caso.

Dos días más tarde, Julius Hersheimmer regresó de Mánchester. Una nota de Tommy reposaba sobre su mesa:

“Querido Hersheimmer,

“Perdona que haya perdido los estribos. Por si no vuelvo a verte, adiós. Me han ofrecido un trabajo en la Argentina y bien podría aceptarlo.

Una sonrisa peculiar flotó por un momento en el rostro de Julius.

Tiró la carta a la papelera.

—¡El maldito imbécil! —murmuró.

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