aparentaban. ¿Había sido engañado una vez más? El caballero de barba rubia y gafas que presidía la mesa parecía singularmente honesto y normal.
Tommy durmió mal aquella noche.
A la mañana siguiente, el indefatigable Albert, tras haber entablado una alianza con el muchacho del verdulero, ocupó el puesto de este y se ganó el favor de la cocinera de Malthouse. Regresó con la información de que ella era indudablemente «una de los maleantes», pero Tommy desconfiaba de la viveza de su imaginación.
Interrogado, no pudo aducir nada en respaldo de su afirmación salvo su propia opinión de que no era del tipo habitual. Eso se veía a simple vista.
Repitiéndose el cambiazo (con gran ventaja pecuniaria para el verdadero muchacho del verdulero) al día siguiente, Albert trajo la primera noticia esperanzadora. Había una señorita francesa parando en la casa. Tommy se deshizo de sus dudas. He