Saltó hacia la puerta, cerrándola de un portazo tras de sí.
La plaza estaba desierta. Delante de la casa había una furgoneta de reparto de pan. Evidentemente, iban a sacarlo de Londres en ella, y su cuerpo aparecería a muchas millas de la casa en Soho.
El conductor saltó a la acera y trató de cerrarle el paso a Tommy. De nuevo el puño de Tommy se disparó, y el conductor quedó tendido en la acera.
Tommy salió corriendo a toda velocidad, y faltó poco para que fuera tarde. La puerta principal se abrió y una lluvia de balas lo persiguió. Afortunadamente ninguna lo alcanzó. Dio vuelta a la esquina de la plaza.
“Hay una cosa —pensó para sus adentros—, no pueden seguir disparando. Si lo hacen, se les vendrá la policía encima. Me extraña que se hayan atrevido a hacerlo ahí”.
Oyó los pasos de sus perseguidores a su espalda y redobló el paso. Una vez que saliera de aquellas callejuelas estaría a salvo. Habría algún policía por allí cerca, no porque quisiera en realidad invocar la ayuda de la policía de haber podido prescindir de ella.
Eso implicaba explicaciones y una incomodidad general. Al momento siguiente tuvo motivos para bendecir su buena suerte. Tropezó con una figura tendida que se incorporó de un salto con un grito de alarma y salió zumbando calle abajo.
Tommy se recostó en el quicio de una puerta. ¡En un minuto tuvo el placer de ver a sus dos perseguidores, de los cuales el alemán era uno, persiguiendo afanosamente la pista falsa!