la diferencia que sentía entre un cuarto de hora y diez minutos de trabajo; nunca desperdiciaba unos pocos minutos libres pensando que no valía la pena ponerse a trabajar. Me llamaba la atención a menudo su manera de trabajar hasta el mismo límite de sus fuerzas, de modo que de repente se detenía al dictar, con las palabras: "Creo que no debo hacer más".
El mismo deseo impaciente de no perder el tiempo se manifestaba en sus rápidos movimientos cuando trabajaba. Recuerdo en particular haberlo notado cuando realizaba un experimento con las raíces de las judías, que requería cierto cuidado en la manipulación; fijar los trocitos de cartulina en las raíces se hacía con cuidado y necesariamente despacio, pero los movimientos intermedios eran todos rápidos: tomar una judía nueva, comprobar que la raíz estaba sana, atravesarla con un alfiler, fijarla en un corcho y comprobar que estaba vertical, etc.; todos estos procesos se realizaban con una especie de entusiasmo contenido.
Siempre daba la impresión de trabajar con agrado, y no por obligación.
Tengo también una imagen suya registrando el resultado de algún experimento, mirando con avidez cada raíz, etcétera, y escribiendo luego con igual entusiasmo.
Recuerdo el rápido movimiento de su cabeza de arriba abajo mientras miraba del objeto a las notas.
Ahorró una gran cantidad de tiempo al no tener que hacer las cosas dos veces. > Aunque repetía pacientemente los experimentos siempre que hubiera algún provecho que obtener, no soportaba tener que repetir un experimento que, de haberse tomado un cuidado absoluto, debería haber tenido éxito la primera vez —y esto le producía una constante inquietud por