Estimado Fitz-Roy,
Leí ayer con sorpresa y el mayor interés su nombramiento como gobernador de Nueva Zelanda. No sé si felicitarlo por ello, pero estoy seguro de que puedo hacerlo con la Colonia por contar con su celo y energía. Estoy muy ansioso por saber si el rumor es cierto, pues no soporto la idea de que abandone el país sin verle una vez más; el pasado está a menudo en mi memoria y siento que le debo a usted gran parte del disfrute de antaño y todo el destino de mi vida, que (de haber tenido mejor salud) habría estado llena de satisfacciones para mí. Durante los últimos tres meses no he ido ni una sola vez a Londres sin la intención de pasar a saludar con la esperanza de ver a la señora Fitz-Roy y a usted; pero encuentro, para mi desgracia, que la pequeña emoción de romper con mi rutina tan tranquila me agota de tal manera, que apenas puedo hacer nada cuando estoy en Londres, y ni siquiera he podido asistir a una