Por consiguiente, escribo esto en caso de mi muerte repentina, como mi más solemne y última petición, que estoy seguro de que considerarás igual que si estuviera introducida legalmente en mi testamento, de que destines 400 libras a su publicación y, además, te tomes la molestia de promoverla tú mismo o por medio de Hensleigh (el Sr. H. Wedgwood).
Deseo que mi borrador sea entregado a una persona competente, junto con esta suma para inducirla a tomarse la molestia de mejorarlo y ampliarlo. Le lego todos mis libros de Historia Natural, que están subrayados o tienen referencias al final de las páginas, rogándole que examine y considere cuidadosamente aquellos pasajes que guarden relación, o puedan guardarla, con este tema. Deseo que hagas una lista de todos dichos libros como cierto incentivo para un editor.
También te ruego que le entregues todos esos fragmentos divididos toscamente en ocho o diez carpetas de papel de estraza. Los fragmentos, con citas copiadas de varias obras, son los que pueden ayudar a mi editor. Asimismo, te pido que tú, o algún amanuense, ayudéis a descifrar cualquiera de los fragmentos que el editor pueda considerar posiblemente útiles. Dejo a juicio del editor si debe intercalar estos hechos en el texto, o como notas, o en apéndices.
Como la revisión de las referencias y los fragmentos será una labor larga, y como CORREGIR, ampliar y alterar mi borrador también llevará un tiempo considerable, dejo esta suma de 400 libras como cierta remuneración, así como los beneficios de la obra. Considero que por esto el editor está obligado a conseguir que el borrador se publique ya sea por cuenta de un editor o bajo su propio riesgo.
Muchos de los fragmentos en las carpetas contienen meras sugerencias toscas y puntos de vista iniciales, ahora inútiles, y muchos de los hechos probablemente resultarán no tener relación con mi teoría.