Down, 12 de abril [de 1857].
Mi querido Hooker,
Su carta me ha complacido mucho, pues nunca puedo sacarme de la cabeza que me aprovecho indebidamente de su amabilidad, ya que lo recibo todo y no doy nada.
¡Qué espléndida disertación podría usted escribir sobre todo el tema de la variación!
Los casos analizados en su última nota me son valiosos (aunque odiosos y malditos), por cuanto demuestran cuán profundamente ignorantes somos acerca de las causas de la variación. Me limitaré a aludir a estos casos, como una especie de subdivisión del polimorfismo un poco más definida, según creo, que la variación de, por ejemplo, los Rubi, y de igual o mayor complejidad.
Acabo de reunir mis notas sobre las variaciones APARENTEMENTE debidas a la acción inmediata y directa de causas externas; y me ha llamado la atención un resultado. Los defensores más acérrimos de la creación independiente admiten que el pelo de una MISMA especie es más fino hacia el sur de la distribución de esa misma especie que hacia el norte; que unas MISMAS conchas son de colores más vivos hacia el sur que hacia el norte; que una misma [concha] es de un color más pálido en aguas profundas; que los insectos son más pequeños y oscuros en las montañas, y más lívidos y testáceos cerca del mar; que las plantas son más pequeñas, más peludas y con flores más vistosas en las montañas: ahora bien, en todos estos casos y en otros similares, las especies distintas en las dos zonas siguen la misma regla, lo cual me parece que se explica de la manera más sencilla considerando que las especies son solo variedades bien marcadas y que, por tanto, siguen las mismas leyes que las variedades reconocidas y admitidas.