sola reunión nocturna de la Sociedad Geológica. Por lo demás, estoy muy bien, al igual que, gracias a Dios, mi esposa y mis dos hijos. El extremo aislamiento de este lugar nos sienta muy bien a todos y disfrutamos mucho de nuestra vida en el campo. Pero estoy escribiendo insignificancias sobre mí mismo, cuando su mente y su tiempo deben estar plenamente ocupados. Mi objetivo al escribir es rogarle a usted o a la señora Fitz-Roy que tengan la amabilidad de enviarme unas líneas para decirme si es cierto y si zarpan pronto. Iré la semana próxima durante uno o dos días; ¿podría recibirme aunque fuera por cinco minutos, si paso a saludar el jueves temprano por la mañana, es decir, a las nueve o las diez, o a la hora que sea (si siguen el horario madrugador de los barcos) en que terminen de desayunar? Le ruego que le envíe un afectuoso saludo de mi parte a la señora Fitz-Roy, quien confío en que sea capaz de afrontar su largo viaje con valentía.
Créame, querido Fitz-Roy,