en Clifton, pero la indisposición me ha impedido escribir, y hemos tenido a los Horner aquí de visita, lo cual, junto con mi abominable trabajo en la prensa, ha ocupado por completo mi tiempo. Es, en verdad, mucho tiempo el que ha pasado desde que nos escribimos; aunque, le ruego que me permita recordarle que escribí yo el último, pero no recuerdo sobre qué, excepto que sé que fue después de leer sus últimos números (Antarctic Botany de Sir J.D. Hooker), y le envié una misiva excepcionalmente laudatoria, considerando que provenía de un hombre que apenas distingue una Margarita de un Diente de león a un Botánico de profesión...
No puedo recordar qué periódicos me han dado la impresión, pero tengo firmemente grabado en la mente eso que usted afirma que ocurre, a saber, la escasa importancia química del suelo para su vegetación.