El pobre muchacho lucía completamente abrumado, y todos los miembros estaban tan sorprendidos que a nadie se le ocurrió decir una palabra para disimular su confusión. Los trabajos que se leían en nuestra pequeña sociedad no se imprimieron, de modo que no tuve la satisfacción de ver mi trabajo impreso; pero creo que el doctor Grant mencionó mi pequeño descubrimiento en su excelente memoria sobre la Flustra.
También fui miembro de la Real Sociedad Médica, y asistí con bastante regularidad; pero como los temas eran exclusivamente médicos, no me interesaban mucho. Allí se decían muchas tonterías, pero había algunos buenos oradores, de los cuales el mejor era el actual Sir J. Kay-Shuttleworth.
El Dr. Grant me llevaba de vez en cuando a las reuniones de la Sociedad Werneriana, donde se leían y discutían varios trabajos sobre historia natural, que luego se publicaban en las 'Transactions'.
Allí escuché a Audubon pronunciar algunas conferencias interesantes sobre las costumbres de las aves de Norteamérica, mofándose un tanto injustamente de Waterton. A propósito, en Edimburgo vivía un negro que había viajado con Waterton y se ganaba la vida disecando aves, lo cual hacía de forma excelente; me dio clases a cambio de pago, y yo solía pasar mucho tiempo con él, pues era un hombre muy agradable e inteligente.
El Sr. Leonard Horner también me llevó una vez a una reunión de la Real Sociedad de Edimburgo, donde vi a Sir Walter Scott ocupando el sillón como Presidente, y se disculpó ante la asamblea por no sentirse apto para tal cargo. Lo miré a él y a toda la escena con cierta admiración y reverencia, y creo que se debió a esta visita durante mi juventud, y a haber asistido a la Real Sociedad Médica, el que sintiera el honor de haber sido elegido hace unos pocos años miembro honorario de ambas Sociedades, más que cualquier otro honor semejante.