Dice que nada sería tan desgraciado para él como tenerme con él si estuviera incómodo, ya que en una embarcación pequeña debemos estar muy juntos, y consideró su deber exponer todo desde el peor punto de vista. Creo que iré el domingo a Plymouth a ver el barco.
Hay algo sumamente atractivo en sus modales y en su forma de ir directo al grano. Si vivo con él, dice que debo vivir modestamente: nada de vino y las cenas más sencillas. El plan ciertamente no es tan bueno como lo describe Peacock. El capitán Fitz-Roy me aconseja que aún no tome una decisión definitiva, pero que, hablando en serio, cree que me dará muchos más placeres que disgustos.
La embarcación no zarpa hasta el 10 de octubre. Va tripulada por sesenta hombres, cinco o seis oficiales, etc., pero es una nave pequeña. Probablemente estará fuera cerca de tres años. Pagaré para el rancho lo mismo que el propio capitán, 30 libras al año; y Fitz-Roy dice que si gasto, incluyendo mi equipamiento, 500 libras, será el extremo absoluto.
Pero ahora viene una noticia aún peor. El viaje alrededor del mundo no es SEGURO, aunque las probabilidades son excelentes. Hasta que ese punto se decida, yo tampoco lo haré. Y podéis creer, después de los muchos cambios que he hecho, que solo mi razón me guiará.
Fitz-Roy dice que el mar tempestuoso está exagerado; que si no elijo quedarme con ellos, puedo regresar a Inglaterra en cualquier momento, ya que son muchos los buques que navegan por esa ruta, y que durante el mal tiempo (probablemente dos meses), si quiero, se me dejará en algún país sano, seguro y agradable; que siempre tendré ayuda; que tiene muchos libros, todos los instrumentos y armas a mi servicio; que cuantas menos ropas y más baratas lleve, mejor. El modo de proceder me viene como anillo al dedo. Anclan el barco y luego se quedan quince días en un mismo lugar. Le he hecho entender