tuviera que hacer el doble de resúmenes de cada artículo, estudiándolos antes de su lectura, la asistencia me costaría AL MENOS tres días (y a menudo más) cada quince días. Hay asimismo otras pérdidas de tiempo accidentales y fortuitas; sé que el Dr. Royle descubrió que el cargo le consumía gran parte de su tiempo.
Si con el mero hecho de renunciar a cualquier pasatiempo, o trabajando más duro de lo que lo he hecho, pudiera ganar tiempo, aceptaría la Secretaría; pero os pido que juzguéis si, con mi lenta manera de escribir, con dos obras entre manos y con la certeza de que, si no puedo terminar la parte geológica en un plazo determinado, su publicación se retrasará por muchísimo tiempo; os pido que juzguéis si sociedad alguna tiene derecho a reclamarme tres días de trabajo desagradable cada quince días.
No puedo estar de acuerdo en que sea mi deber, como partidario de la ciencia, mientras me dedique a concluir el trabajo que tengo entre manos, retrasarlo para encargarme de algo que puede hacer cualquier persona que resulte tener más tiempo libre que yo en la actualidad.
Por otra parte, en un momento tan temprano de mi vida científica, con tanto como me queda por aprender, el cargo, aunque sin duda un gran honor, etc., para mí resultaría de lo más gravoso. El señor Whewell (lo sé muy bien), juzgando a partir de su propia experiencia, pensará que exagero el tiempo que exigiría la Secretaría; pero yo sé perfectamente el tiempo que a mí me consume la escritura más sencilla.
No me gusta en absoluto parecer tan egoísta como para rechazar al Sr. Whewell, más aún cuando siempre ha demostrado, de la manera más amable, interés en mis asuntos. Pero no puedo contemplar con una comodidad siquiera tolerable la idea de asumir un cargo sin comprometerme en él en cuerpo y alma, y eso sería imposible con el trabajo del Gobierno y la Geología entre manos.
Mi última objeción es que dudo hasta qué punto mi salud resistirá el encierro de lo que tengo que hacer, sin ningún trabajo adicional. Repito