Mi querido Hooker,
Terminé ayer por la tarde el primer volumen, y le felicito muy sinceramente por haber producido un libro de PRIMERA CLASE (Himalayan Journal), un libro que sin duda perdurará. No me cabe duda de que ocupará su lugar como obra de referencia, no tanto por contener materia real y sólida, sino porque ofrece una estampa de todo el país.
Uno siente que lo ha visto (y una desesperada incomodidad sentí al cruzar algunos de los puentes y empinadas laderas), y uno COMPRENDE todos los grandes accidentes geográficos.
Tiene verdaderos motivos para estar orgulloso; ¡piense en los pocos viajeros que ha habido con un conocimiento profundo de una materia, y que además hayan podido hacer un mapa (que, dicho sea de paso, es uno de los más claros que jamás he contemplado, por lo cual caigan bendiciones sobre su cabeza), y estudiar geología y meteorología!
Creía conocerle muy bien, pero no tenía la menor idea de que sus Viajes fueran su pasión; pero me alegro muchísimo de ello, pues estoy seguro de que jamás llegará el momento en que usted y la señora Hooker no se enorgullezcan de recordar la labor dedicada a estos hermosos volúmenes.
Su carta, recibida esta mañana, me ha interesado EXTREMADAMENTE, y le agradezco sinceramente que me comparta sus antiguos pensamientos y aspiraciones. Todo lo que dice hace que me sienta aún más profundamente complacido por la Dedicatoria; pero usted, malvado, ¿recuerda haberme preguntado cómo creía que le gustaría a Lyell que se le dedicara la obra? Recuerdo cuán tajantemente respondí, y supongo que quería saber qué sentiría yo; ¿quién habría imaginado que fuera usted tan astuto? Me