"Puedo decir con absoluta verdad que me siento honrado por su petición de que sea colaborador del «Index», y le agradezco mucho el borrador. También suscribo plenamente la proposición de que es deber de todo el mundo difundir lo que cree que es la verdad; y le honro por hacerlo con tanta devoción y celo. Pero no puedo acceder a su petición por las siguientes razones; y discúlpeme que las dé con cierto detalle, ya que sentiría mucho parecer grosero a sus ojos. Mi salud es muy frágil: NUNCA pasan 24 horas sin muchas horas de malestar, en las que no puedo hacer absolutamente nada. Así, también he perdido dos meses enteros y consecutivos esta temporada. Debido a esta debilidad, y a que a menudo se me va la cabeza, soy incapaz de dominar nuevos temas que requieran mucha reflexión, y solo puedo lidiar con materiales antiguos. En ningún momento soy un pensador o escritor rápido: todo lo que he hecho en la ciencia se ha debido únicamente a la larga meditación, la paciencia y la industria.
"Ahora bien, nunca he pensado sistemáticamente mucho sobre la religión en relación con la ciencia, ni sobre la moral en relación con la sociedad; y sin mantener firmemente mi mente en tales temas durante un LARGO período, soy realmente incapaz de escribir nada que valga la pena enviar al 'Index'."
Se le pidió más de una vez que expusiera sus puntos de vista sobre la religión, y por regla general no tenía ningún inconveniente en hacerlo en una carta privada. Así, en respuesta a un estudiante holandés, escribió (2 de abril de 1873):—
"Estoy seguro de que sabrá disculpar mi larga carta, si le digo que hace tiempo que ando muy falto de salud, y ahora me encuentro fuera de mi hogar para descansar.
"Es imposible responder a su pregunta brevemente; y no estoy seguro de que pudiera hacerlo, aun si escribiera extensamente. Pero puedo decir