Otra de mis ocupaciones era coleccionar animales de todas las clases, describiendo brevemente y disecando de manera rudimentaria muchos de los marinos; pero debido a no saber dibujar y a no tener suficientes conocimientos anatómicos, un gran montón de manuscritos que elaboré durante el viaje ha resultado casi inútil.
Perdí así mucho tiempo, con la excepción del empleado en adquirir ciertos conocimientos sobre los crustáceos, ya que esto me fue de utilidad cuando, años más tarde, emprendí una monografía de los cirrípedos.
Durante una parte del día escribía mi diario, y me esmeraba mucho en describir con cuidado y viveza todo lo que había visto; y esto era un buen ejercicio. Mi diario servía también, en parte, como cartas para mi hogar, y fragmentos del mismo eran enviados a Inglaterra siempre que se presentaba la oportunidad.
Sin embargo, los diversos estudios especiales anteriores carecían de importancia en comparación con el hábito de la industria enérgica y de la atención concentrada en cualquier cosa en la que estuviera ocupado, que entonces adquirí.
Todo aquello sobre lo que pensaba o leía se orientaba a influir directamente en lo que había visto o era probable que viera; y este hábito mental se mantuvo durante los cinco años del viaje.
Estoy convencido de que fue este entrenamiento el que me ha permitido hacer todo lo que he hecho en la ciencia.
Mirando hacia atrás, ahora puedo percibir cómo mi amor por la ciencia fue preponderando gradualmente sobre cualquier otro gusto. Durante los primeros dos años, mi antigua pasión por la caza sobrevivió con casi toda su fuerza, y cacé yo mismo todas las aves y animales para mi colección; pero poco a poco fui cediendo mi escopeta cada vez más, y finalmente por completo, a mi criado, ya que la caza interfería con mi