patas natatorias bellamente construidas, un par de ojos compuestos magníficos y unas antenas sumamente complejas». Solíamos reírnos de él por esta frase, que comparábamos con un anuncio publicitario. Esta tendencia a dejarse llevar por el giro entusiasta de su pensamiento, sin miedo a resultar ridículo, aparece en otras partes de sus escritos.
Su tono cortés y conciliador hacia el lector es notable, y debe ser en parte esta cualidad la que reveló la dulzura de su carácter personal a tantos que nunca lo habían visto.
Siempre he considerado un hecho curioso que quien había alterado la faz de la ciencia biológica, y es en este aspecto el principal de los modernos, haya escrito y trabajado con un espíritu y un modo tan esencialmente no modernos.
Al leer sus libros, uno recuerda más bien a los naturalistas de antaño que a la escuela moderna de escritores. Era un naturalista en el viejo sentido