algunas islas, navegamos hacia Bahía, y de allí a Río, donde ya llevo algunas semanas. Mis colecciones avanzan admirablemente en casi todas las ramas. En cuanto a los insectos, confío en enviar a Inglaterra una multitud de especies no descritas. Creo que no tienen ejemplares pequeños en las colecciones, y hoy mismo por la mañana he cogido Hydropori diminutos, Noterus , Colymbetes , Hydrophilus , Hydrobius , Gromius , etc., etc., como muestras de escarabajos de agua dulce. Estoy enteramente ocupado con los animales terrestres, ya que la playa es solo de arena. Las arañas y los grupos afines son los que tal vez me han dado mayor placer debido a su novedad. Creo que ya he capturado varios géneros nuevos.
Pero la Geología se lleva la palma: es como el placer de jugar. Al especular, nada más llegar, sobre cuáles pueden ser las rocas, a menudo exclamo mentalmente 3 a 1 a favor de las terciarias frente a las primitivas; pero hasta ahora estas últimas han ganado todas las apuestas. Baste esto con respecto al gran fin de mi viaje; en otros aspectos las cosas van igual de prósperas. Mi vida, cuando estoy en el mar, es tan tranquila que para una persona que sabe ocuparse en algo, nada puede ser más placentero; la belleza del cielo y el brillo del océano componen juntos un cuadro. Pero cuando estoy en tierra, y deambulo por los bosques sublimes, rodeado de vistas más suntuosas de lo que jamás imaginó siquiera Claudio, experimento un deleite que solo quienes lo han vivido pueden comprender. Si ha de hacerse, debe ser estudiando a Humboldt. En nuestros viejos y acogedores desayunos, en Cambridge, poco pensaba que el ancho Atlántico fuera a separarnos jamás; pero es un raro privilegio que con el cuerpo no se dividan los sentimientos y la memoria. Por el contrario, las escenas más gratas de mi vida, muchas de las cuales han tenido lugar en