[La historia de esta parte de la vida de mi padre bien puede incluir cierta mención de sus puntos de vista religiosos. Pues aunque, como él señala, no dedicó un pensamiento sistemático y continuo a las cuestiones religiosas, sabemos por sus propias palabras que por entonces (1836-39) el tema estuvo muy presente en su mente.]
En sus obras publicadas fue reticente en lo tocante a la religión, y lo que ha dejado sobre el asunto no fue escrito con vistas a su publicación. (Como excepción puede mencionarse unas pocas palabras de asentimiento a las «Verdades para los tiempos» del Dr. Abbot, que mi padre permitió que se publicaran en el «Index»).
Creo que su reticencia se debía a varias causas. Tenía el firme convencimiento de que la religión de un hombre es un asunto esencialmente privado y que concierne únicamente a él mismo. Así lo indica el siguiente extracto de una carta de 1879:—(Dirigida al Sr. J. Fordyce y publicada por este en su obra Aspects of Scepticism, 1883.)
"Cuáles puedan ser mis propias opiniones es una cuestión carente de importancia para cualquier otro que no sea yo mismo. Pero, ya que pregunta, puedo afirmar que mi juicio fluctúa a menudo ...En mis fluctuaciones más extremas nunca he sido un ateo en el sentido de negar la existencia de un Dios. Pienso que por lo general (y cada vez más a medida que envejezco), aunque no siempre, un agnóstico sería la descripción más correcta de mi estado mental".
Naturalmente, evitaba herir la sensibilidad de los demás en cuestiones religiosas, y también le influía la convicción de que un hombre no debe