menos una parte resulte ser cierta, y en que actuaré como ahora pienso: como un hombre que se atreve a perder una hora de tiempo no ha descubierto el valor de la vida. Que el profesor Sedgwick mencione mi nombre en absoluto me da esperanzas de que me ayude con sus consejos, de los cuales, en mis cuestiones geológicas, estoy muy necesitado. Es inútil deciros, por el estado vergonzoso de este garabato, que estoy escribiendo contra reloj, pues he estado fuera toda la mañana y ahora hay algunos a bordo a quienes debo bajar a hablar con educación. Además, como esta carta va en un barco extranjero, es dudoso que llegue jamás. Adiós, mi muy querida Susan y todos vosotros. Adiós.
C. DARWIN.
CHARLES DARWIN A J.S. HENSLOW. Santa Elena, 9 de julio de 1836.
Mi querido Henslow,
Voy a pedirle que me haga un favor. Deseo muchísimo pertenecer a la Sociedad Geológica. No lo sé, pero supongo que es necesario ser propuesto algún tiempo antes de ser sometido a votación; si este es el caso, ¿sería tan amable de tomar las medidas preparatorias adecuadas? El profesor Sedgwick se ofreció muy amablemente a proponerme antes de marchar de Inglaterra, por si acaso se encontraba en Londres. Me atrevo a decir que aún lo haría.
Tengo muy poco sobre qué escribir. Hace ya mucho tiempo que no hemos visto, hecho ni oído nada en particular; y, la verdad, si en este momento se nos aparecieran las maravillas de otro planeta, creo que exclamaríamos unánimemente: ¡qué fastidio tan consumado! Ningunos escolares han cantado jamás la tonada medio sentimental y medio jovial del «dulce domum» con más fervor del que todos nosotros