trabajó. He intentado escribir el siguiente relato sobre mí mismo como si fuera un hombre muerto en otro mundo que mira hacia atrás, a su propia vida. Y tampoco me ha resultado difícil, pues mi vida está casi acabada. No me he tomado ninguna molestia respecto a mi estilo de escritura.
Nací en Shrewsbury el 12 de febrero de 1809, y mi recuerdo más antiguo se remonta únicamente a cuando tenía poco más de cuatro años, época en la que fuimos cerca de Abergele a tomar baños de mar, y recuerdo algunos acontecimientos y lugares de allí con cierta claridad.
Mi madre murió en julio de 1817, cuando yo tenía poco más de ocho años, y es curioso que apenas pueda recordar nada de ella salvo su lecho de muerte, su vestido de terciopelo negro y su costurero de curiosa construcción.
En la primavera de ese mismo año me enviaron a una escuela externa en Shrewsbury, donde pasé un año. Me han contado que me costaba mucho más aprender que a mi hermana menor Catherine, y creo que fui un niño travieso en muchos sentidos.
Por el tiempo en que fui a esta escuela diurna (dirigida por el reverendo G. Case, ministro de la capilla unitaria en High Street. La señora Darwin era unitaria y asistía a la capilla del señor Case, y mi padre, de pequeño, iba allí con sus hermanas mayores. Pero tanto él como su hermano fueron bautizados y destinados a pertenecer a la Iglesia de Inglaterra; y después de su primera infancia parece que solía ir a la iglesia y no a la de los Case. Consta («St. James' Gazette», 15 de diciembre de 1883) que se ha erigido una placa mural en su memoria en la capilla, conocida ahora como la «Iglesia Cristiana Libre»), mi afición por la historia natural, y más especialmente por el coleccionismo, estaba ya muy desarrollada. Intentaba averiguar los nombres de las plantas (el reverendo W. A. Leighton, compañero de escuela de mi padre en la de los Case, recuerda que este llevó una flor a la escuela y dijo que su madre le había enseñado