árboles frutales; y este amor por las plantas era, creo, el único gusto afín a la historia natural que poseía. De las «palomas del Monte», que la señorita Meteyard describe como ilustrativas del gusto por la historia natural del Dr. Darwin, no he podido saber nada por parte de los más capacitados para saberlo. El relato que la señorita Meteyard hace de él no es del todo preciso en algunos puntos. Por ejemplo, es incorrecto describir al Dr. Darwin como poseedor de una mente filosófica; la suya era una mente especialmente dada al detalle, y no a la generalización. Asimismo, quienes lo conocieron íntimamente lo describen como alguien que comía notablemente poco, de modo que no era «un gran comedor, capaz de comerse una oca en la cena tan fácilmente como otros hombres se comen una perdiz». («A Group of Englishmen», página 263.) En materia de vestimenta era conservador, y llevó hasta el final de su vida calzón corto y polainas de color pardo claro que, sin embargo, desde luego no se abrochaban por encima de la rodilla, como dice la señorita Meteyard —una forma de indumentaria conocida principalmente por nosotros en los granaderos de la época de la reina Ana, y en los leñadores y muchachos de labranza modernos.
Charles Darwin had the strongest feeling of love and respect for his father's memory. His recollection of everything that was connected with him was peculiarly distinct, and he spoke of him frequently; generally prefacing an anecdote with some such phrase as, "My father, who was the wisest man I ever knew, etc..."
It was astonishing how clearly he remembered his father's opinions, so that he was able to quote some maxims or hint of his in most cases of illness. As a rule, he put small faith in doctors, and thus his unlimited belief in Dr. Darwin's medical instinct and methods of treatment was all the more striking.
Su reverencia hacia él era infinita y de lo más conmovedora. Habría deseado juzgar imparcialmente todo lo demás en el mundo, pero