único que ahora me impide tomar una decisión definitiva es la falta de certeza sobre las islas de los Mares del Sur; aunque moralmente no tengo duda de que iremos allí, se ponga o no en las instrucciones. El capitán Fitz-Roy dice que hago bien en fastidiar al capitán Beaufort, que eso lo alborota con una pértiga. El capitán Fitz-Roy dice estar seguro de tener suficiente influencia (particularmente si esta administración no es eterna —¡pronto me haré tory!—), de cualquier modo, incluso estando fuera, para conseguir que ordenen el regreso del barco por la ruta que le plazca. Por lo que dice Wood, supongo que los duques de Grafton y Richmond se interesan por él. A propósito, Wood me ha sido de la mayor utilidad; y estoy seguro de que su presentación personal de mí predispueso al capitán Fitz-Roy a aceptarme.
Para explicar las cosas desde el principio: el capitán Fitz-Roy primero deseó tener un naturalista, y luego parece que le entró un súbito pánico ante la posibilidad de tener a alguien que no le gustase a bordo del buque. Confiesa que su carta a Cambridge era para echar agua fría sobre el proyecto. No creo que vayamos a discutir por política, aunque Wood (como era de esperarse de un Londonderry) advirtió solemnemente a Fitz-Roy que yo era un whig.
El capitán Fitz-Roy estaba ante el tío Jos., dijo: «ahora sus amigos le dirán que un capitán de barco es la mayor bestia sobre la faz de la creación. No sé cómo ayudarle en este caso, excepto esperando que me dé una oportunidad».
¡Cómo cambia uno! De hecho, ahora desearía que el viaje fuera más largo antes de tocar tierra. Siento que se me heela la sangre ante la cantidad de cosas que tengo que hacer. Todo el mundo parece dispuesto a ayudarme. Los de Zoología quieren hacerme miembro correspondiente. Todo esto puedo construirlo sin cruzar el ecuador.