Se ha supuesto que su mala salud en los últimos años se debía a haber sufrido tanto de mareos en el mar. Esto no era lo que él mismo creía, sino que más bien atribuía su mala salud al defecto hereditario que se manifestó como gota en algunas de las generaciones pasadas.
No me queda del todo claro cuánto sufrió realmente de mareos; tengo la clara impresión de que, según su propia memoria, no estuvo verdaderamente enfermo después de las primeras tres semanas, aunque se sentía constantemente incómodo cuando el barco cabeceaba con algo de fuerza. Pero, a juzgar por sus cartas y por el testimonio de algunos de los oficiales, parecería que en sus años posteriores olvidó la magnitud de la incomodidad que padeció.
Escribiendo el 3 de junio de 1836 desde el cabo de Buena Esperanza, dice:
«Es una suerte para mí que el viaje esté llegando a su fin, pues positivamente sufro más de mareos ahora que hace tres años».
El almirante Lort Stokes escribió al «Times» el 25 de abril de 1883:—
¿Me permitirán un rincón para mi débil testimonio de la maravillosa y perseverante resistencia en pro de la causa de la ciencia de ese gran naturalista, mi viejo y perdido amigo, el Sr. Charles Darwin, cuyos restos van a ser con tanta justicia honrados con un lugar de descanso en la Abadía de Westminster?
"Perhaps no one can better testify to his early and most trying labours than myself. We worked together for several years at the same table in the poop cabin of the 'Beagle' during her celebrated voyage, he with his microscope and myself at the charts. It was often a very lively end of the little craft, and distressingly so to my old friend, who suffered greatly from sea-sickness. After perhaps an hour's work he would say to me, 'Old