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nydus/Life and Letters of Charles Darwin, Volume IPublic
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CAPÍTULO XIV. — POR EL PROFESOR HUXLEY.

En vista de la afirmación (repetida con frecuencia en los primeros tiempos de la oposición a Darwin) de que no había añadido nada a Lamarck, es muy interesante observar que la posibilidad de una quinta alternativa, además de las cuatro que ha expuesto, ni siquiera se le ha ocurrido a la mente del Dr. Whewell.

La sugerencia de que las nuevas especies pueden ser el resultado de la acción selectiva de las condiciones externas sobre las variaciones respecto a su tipo específico que presentan los individuos —y que llamamos «espontáneas» porque ignoramos su causa— es tan totalmente desconocida para el historiador de las ideas científicas como lo era para los especialistas en biología antes de 1858.

Pero esa sugerencia es la idea central de El origen de las especies y contiene la quintaesencia del darwinismo.

Así, mirando hacia el pasado, me parece que mi propia postura de expectación crítica era justa y razonable, y debió de ser adoptada, por las mismas razones, por muchas otras personas. Si Agassiz me decía que las formas de vida que sucesivamente habían poblado el globo eran las encarnaciones de sucesivos pensamientos de la Divinidad; y que había borrado un conjunto de estas encarnaciones mediante una espantosa catástrofe geológica tan pronto como Sus ideas adoptaban una forma más avanzada, me encontraba no solo incapaz de admitir la exactitud de las deducciones a partir de los hechos de la paleontología en los que se fundaba esta asombrosa hipótesis, sino que tenía que confesar mi carencia de cualquier medio para comprobar la corrección de su explicación de los mismos. Y además de eso, de ningún modo podía ver qué era lo que explicaba la explicación. Tampoco me ayudaba que un eminente anatomista me

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