animales híbridos de lo que usted parece admitir; y, en lo que respecta a las plantas, la recopilación de hechos minuciosamente registrados por Kölreuter y Gärtner (y Herbert) es ENORME. Coincido plenamente con usted en los escasos efectos de las «condiciones climáticas», a los que uno ve referirse ad nauseam en todos los libros: supongo que debe atribuirse algún efecto muy minúsculo a tales influencias, pero creo firmemente que son muy leves. Es realmente IMPOSIBLE explicar mis puntos de vista (en los límites de una carta) sobre las causas y los medios de variación en estado natural; pero he adoptado lentamente una idea clara y tangible —si es verdadera o falsa, otros habrán de juzgarlo—, ¡pues la más firme convicción de la verdad de una doctrina por parte de su autor parece no ser, ay, la más mínima garantía de verdad!...
CHARLES DARWIN A J.D. HOOKER. Moor Park, Sábado [2 de mayo de 1857].
Mi querido Hooker,
Has rapado el pelo de las plantas alpinas con bastante eficacia. El caso del Anthyllis empatará con el supuesto caso de las plantas de los Pirineos que se vuelven glabras a baja altitud. Si efectivamente descubro que he anotado tales hechos, te expondré las pruebas. ¡Me pregunto cómo pudo originarse esa creencia! ¿Fue a través de causas finales para mantener calientes a las plantas? Falconer, en una charla, vinculó los dos hechos de las plantas y los mamíferos alpinos lanudos. Qué cándida y mansamente te tomaste mi Jeremías sobre tu dureza con los hombres de segunda clase. Después de haberlo enviado, una vocecita desagradable me preguntó, una o dos veces, cuánto de mi noble defensa de los pobres de espíritu y de hecho se debía a que tú habías destrozado no pocas veces ideas favoritas mías. Callé a la vocecita desagradable con desprecio, pero ella volvía a susurrar una y otra vez.