Con respecto a la inmortalidad, nada me muestra [con tanta claridad] cuán firme y casi instintiva es esta creencia, como la consideración de la opinión que ahora sostienen la mayoría de los físicos, a saber, que el sol con todos los planetas llegará a enfriarse demasiado para albergar vida, a menos que algún gran cuerpo choque contra el sol y le otorgue así una vida nueva. Dado que creo que el hombre en el futuro lejano será una criatura mucho más perfecta de lo que es ahora, resulta un pensamiento intolerable que él y todos los demás seres sintientes estén condenados a la completa aniquilación tras un progreso tan prolongado y lento. Para aquellos que admiten plenamente la inmortalidad del alma humana, la destrucción de nuestro mundo no parecerá tan espantosa.
"Otra fuente de convicción en la existencia de Dios, relacionada con la razón y no con los sentimientos, me impresiona como de mucho mayor peso. Esto se desprende de la extrema dificultad, o más bien imposibilidad, de concebir este inmenso y maravilloso universo, incluido el hombre con su capacidad de mirar muy atrás en el pasado y muy lejos en el porvenir, como resultado del ciego azar o de la necesidad. Al reflexionar así, me siento impelido a buscar una Causa Primera dotada de una mente inteligente en cierto modo análoga a la del hombre; y merezco ser llamado teísta. Esta conclusión era firme en mi mente por la época, hasta donde puedo recordar, en que escribí el «Origen de las especies»; y es desde entonces cuando ha ido debilitándose muy gradualmente, con muchas fluctuaciones. Pero surge entonces la duda: ¿puede confiarse en la mente del hombre, que ha sido desarrollada, como creo firmemente, a partir de una mente tan baja como la que poseen los animales más inferiores, cuando extrae conclusiones tan grandiosas?
"No puedo pretender arrojar la menor luz sobre problemas tan abstrusos. El misterio del origen de todas las cosas es insoluble para nosotros; y yo, al menos, debo contentarme con seguir siendo Agnóstico."