El rostro del cura se volvió teológico.
—A ver qué dice Sabetti —dijo—. Me figuro que...
Se volvió en la silla y sacó un volumen de detrás de sí.
“Aquí estamos. …”
Pasó el dedo por los densos párrafos, pasó una página o dos, y comenzó un comentario y traducción continuos:
« “ Necromantia ex ’… ‘Nigromancia surgida de la invocación a los muertos’… A ver… sí, ‘el espiritismo, o la consulta a los espíritus con el fin de conocer cosas ocultas, especialmente aquellas que pertenecen a la vida futura, ciertamente es adivinación propiamente dicha, y está… está plagado de una impiedad aún mayor que el magnetismo, o el uso de las mesas parlantes. La razón es, como testifican los padres de Baltimore, que tal conocimiento debe atribuirse necesariamente a la intervención satánica, ya que de ningún otro modo puede explicarse’ ”.
«Entonces...» empezó Maggie.
—Un momento, hija mía… Sí… tal cual. «Adivinación expresa»… No, no. ¡Ah! aquí está: «La adivinación tácita… aun cuando se proteste abiertamente que no se pretende ningún comercio con el Demonio, es por sí misma pecado grave; pero a veces puede excusarse de pecado mortal, a causa de la simplicidad o la ignorancia o la falta de fe cierta». Ya ves, hija mía —volvió a colocar el libro en su sitio—, en la medida en que no sea fraude, es diabólico. Y se acabó.