CodalSearch this book — or all of Codal…⌘K
nydus/The NecromancersPublic
EspañolEnglish
Página 296 de 369
Table of Contents

I

El señor y la señora Nugent estaban disfrutando muchísimo de sus vacaciones.

El Viernes Santo habían ido penosamente en un carruaje descubierto hasta Royston, donde habían visitado la cueva del ermitaño en compañía de otros dignatarios de su aldea, y celebrado un solemne pícnic en las colinas.

Habían regresado —los caballeros del grupo ligeramente sofocados por el brandy con agua de los distintos mesones del camino de vuelta, y las señoras severas, con berros en el regazo.

En consecuencia, el sábado, la señora Nugent había creído conveniente quedarse en casa y despachar a su esposo al escenario del primer partido de cricket de la temporada, a un par de millas de distancia.

Alrededor de las cinco se preparó una taza de té, y no despertó del sueño que le siguió hasta que la noche se veniva encima.

Se despertó con un sobresaltó, recordando que había tenido la intención de echar un buen vistazo entre la habitación de invitados que había sido de su hija, y posiblemente hacer un cambio o dos en los muebles. Había un ropero de caoba… y así sucesivamente.

Ella no había entrado en esta habitación muy a menudo desde la muerte. Se le había ido antojo en la mente como una especie de melancólico santuario, símbolo de glorias que pudieron haber sido; pues ella y su esposo estaban llenos del glorioso día que había empezado a alborear cuando Laurie, muy tenso aunque muy ardiente, los había visitado solemnemente para revelarles sus intenciones. Bueno, había sido un falso amanecer; pero al menos se podía hablar, y de hecho se hablaba todavía, de ello en susurros tristes y evocadores.

296