—Bueno, la teoría espiritista me parece una completa t.-o.-n.-t.-e.-r.‑a.—tontería. El señor Vincent, la señora Stapleton y los demás creen de verdad que las almas de las personas regresan de verdad y hacen estas cosas; que fue, real y verdaderamente, la pobre y querida Amy Nugent la que trajo a Laurie por el camino de la amargura. Estoy total, totalmente segura de que eso no es cierto, sea lo que sea lo demás. […] Sí, ya hablaré de las coincidencias dentro de un momento. Pero, ¿cómo es posible en absoluto que Amy regrese y haga estas cosas, y lastime a Laurie de un modo tan horrible? Venga ya, no podría aunque lo intentara. Querida, para serte muy franca, era una niñata muy vulgar; y, además, no le habría hecho daño ni a un pelo de la cabeza.
—Ahora vamos con el señor Cathcart.
Hubo una larga pausa.
Un gato pequeño salió de repente de la maraña de avellanos que había detrás y miró fijamente a las dos niñas. Luego, con total silencio, al cruzarse con la mirada de Maggie, abrió la boca formando una curva patética destinada a representar una súplica.
—¡Qué encanto de gatito! —exclamó Maggie de repente; cogió un platillo, lo llenó de leche y lo puso en el suelo. El minino bajó con elegancia y se puso a comer.
—¿Sí? —dijo la otra chica tentativamente.
—¡Oh! El Sr. Cathcart... Bueno, debo decir que su teoría encaja con lo que dice el padre Mahon. Pero, ya sabe, la teología no dice que esto o aquello en particular sea el diablo, o que haya ocurrido realmente en un caso dado; solo que, si realmente llega a suceder, es el diablo. Bueno, esta es la idea del Sr. Cathcart. Es una historia larga: no le importe.