Era el tipo de atmósfera que sugería a la Naturaleza en su estado más sensato, plena de sangre, normal, cumpliendo perfectamente su propia vocación; totalmente desmística, salvo mediante una interpretación muy sutil; carente de segundas intenciones, puesto que ya estaba diciendo todo lo que se podía decir, y llevando hasta el confín mismo de su contenido cada principio por el que vivía. Presentaba la misma clase de consumación redondeada y de plenitud que sugiere una persona enteramente entregada a los sentidos y acomodada. No había en ella rincones, ni perspectivas que insinuaran otra cosa que un césped o un jardín perfectamente normal, ni misterio, ni la implicación de ninguna otra teoría o atisbo de teoría que no fuera la que ella misma proclamaba.
Algo de ese aire pareció respirarse ahora en la expresión de satisfacción de Maggie, mientras sonreía con dulzura y felicidad, entrelazando los brazos detrás de la cabeza. Parecía encantadora, pensó Mabel; y apoyó una mano con delicadeza en